jueves, 24 de diciembre de 2009

If you have no...

...If you have no voice,

SCREAM;

...If you have no legs,

RUN;

...If you have no hope,

INVENT.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Raconto

Aggiornándose a la moda habitual que se impone en estas fechas, qué mejor manera de terminar el año que recordando algo de lo transitado. Circunscribiendo ese tránsito a lo sucedido aquí, comienzo con uno de los comenarios que fueron acercando a distintos posteos.

Este es un comentario de "Vicky" realizado en "La insoportable virtualidad del ser"

Anónimo dijo...Leí con atención tu post y los comentarios, en medio de una búsqueda para mi tesis. No se si vale la aclaración, pero desde el punto de vista del deseo (wunsch) siempre nos remite a una evocación de las primeras percepciones, un reestablecimiento. Desde la teoria psi de Freud, deseo y necesidad van separados, por tanto mucho de lo que se ve en la web pasa mas por la necesidad interna para procurarse el objeto adecuado, cuando en cambio el deseo se dirige primariamente a la producción alucinatoria de esos signos que representan “esa satisfacción” Lacan habla del lenguaje que en estrecha relación del deseo y la fantasia, se articula en palabra, lo trae a la existencia.En esta época cibernética, vemos como se construyen relaciones “aleatorias” sobre la base de la falta lacaniana, sobre le deseo del otro: este rasgo universal del deseo es especialmente evidente en la histeria: histérico es alguien que sostiene el deseo de otra persona que convierte el deseo de otro en el suyo propio. Es interesante analizar como se define en la actualidad lo real y lo virtual, no ya desde el diccionario, sino como lo definimos nosotros y como conformamos nuestra subjetividad, como aceptamos relaciones como reales que de hecho no lo son, pero si lo son aceptadas socialmente a pesar de tener solo una existencia efímera y aparente, y nos posicionamos al punto de reconocernos como metáforas de otra gente. Pienso que la vida virtual es un escapismo, es un síntoma de soledad, de no compromiso, de no contacto, de un permitirnos y permitir una nueva forma de relación sin compromiso y con el agregado de los permisos para mentir acerca de nosotros mismos y construirnos un personaje que peguen mas acordes con los ideales de belleza, cultura, liberación y superación pero que en definitiva lo único que hace es poner distancia entre los cuerpos, la única relación que son capaces de sostener esos seres llamados a encuentros consigo mismo, dentro de ese mundo virtual donde el exhibicionismo no hace mas que diluir la frontera entre lo privado y lo público, de la misma forma en que se están diluyendo las dicotomías fundacionales, donde nada es como se muestra y donde no se trata de descubrir el “objeto del deseo, ese obscuro” sino el lugar desde donde se desea. En este mundo donde la oferta es tan amplia como la demanda, (por lo tanto a la señorita que exige garantía deberían contestarle que la única garantía es el cambio de un deseo por el siguiente) haríamos muy bien y seria sano que estos benditos monitores; como leí en un articulo, “no nos hagan olvidar los placeres de los cuerpos que se tocan, que se acarician, que se besan, que copulan y que se emocionan y que se emocionan en un largo abrazo”
Bien por vos, bien por ayudar a la reflexión de quienes te siguen.
Saludos
Vicky

Uno de enero de Petitapetitesa en Vegetal II

petitapetitesa dijo...
No se si voy a ser capaz de explicarme. Hablar de sensaciones y sentimientos es de si, ya bastante complejo, y con la facilidad innata que tengo para enredarme, puede ser una empresa harto difícil.

Me gustan los poemas que se sienten, los que salpican, los húmedos, los ardientes, también me gustan los poemas fríos como el hielo, los que arañan, los que dejan huella en la piel, los que despiertan el deseo, los poemas que hacen soñar, los que se clavan y dejan heridas, me gustan sobre todo, los poemas que hacen brillar los ojos, que no dejan salir el aire de los pulmones,los que son como un estallido en el estomago, los que te dejan sin pulso y sin aliento, los que te dejan rendido y hundido, los que aprietan tanto el corazón que sientes que te va a estallar, los poemas sucios, los prohibidos, los pecaminosos, los rebeldes, los raros, los estrafalarios, los poemas que tienen olor, sabor, los que me recuerdan a alguien, los que disparan certeros como balas, los que son puro sexo sin más, los cortos, los largos, los que esconden algo y los que lo enseñan todo…

Buuuffff!!! Te dije que me enredaba con facilidad…. y lo único que quería decir, es que el poema que has publicado, me gusta, es de los que metes en la boca, y se enreda con la saliva y durante un buen rato, sigues notando su sabor en la lengua.

En cuanto a la foto, confesare que robe la primera, y esta segunda ha seguido el mismo camino.

Besos (con la boca llena de tu poema)


Aquí, un extenso diálogo (con intervenciones) en "Inner..."


petitapetitesa dijo...

Exterior…

Piel

Esta noche
Buscaré los detonantes
De tus explosiones interiores
Sobre tu piel minada
De atentados sorpresivos
Uno a uno los buscaré
Uno a uno los estallaré
Hasta llegar al éxtasis
De la destrucción total…

Néstor Martínez

Besos (al gusto)

7 de febrero de 2009 12:02:00 GMT-02:00


AndyPeCas dijo...

La piel de no rozarla con la piel,
se va agrietando.
Los labios de no tocarlos con los labios,
se van secando.
Los ojos de no cruzarlos con los ojos,
se van cerrando.
El cuerpo de no sentirlo con el cuerpo,
se va olvidando.
El alma de no entregarla con el alma,
se va muriendo.



Autor: Bertol Brecht

Es una especie de regalo para vos y un triste espejo para mi...

7 de febrero de 2009 20:46:00 GMT-02:00

Anónimo dijo...

Hermoso poema del autor español, pero me queda una amarga sensación por el comentario anterior, en que espejo triste se esta mirando esa niña. Para ella, uno mas de Hierro:

LLEGUÉ POR EL DOLOR A LA ALEGRÍA (1947)

Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
( Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía. )

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

Joan

9 de febrero de 2009 18:23:00 GMT-02:00

petitapetitesa dijo...

Espero que no te importe que te conteste en tu casa; el problema de este tipo de comunicación, es que no existe comunicación, tu escribes, y yo se supone que debo contestar, pero ahí acaba todo, siempre el que contesta desde su casa, parece que dice la ultima palabra, y eso, me pone de los nervios, ese es el motivo, por el que últimamente me resisto a contestar a nadie, me gusta hablar, pero no con las paredes.

Mientras que si te contesto en tu casa, serás un caballero y me contestaras, y después de eso yo me tomare la libertad de hacer una replica…y la conversación será, minimamente más fluida, de la otra manera, me queda siempre la sensación de algo inacabado.

Y después del rollazo… lo que quería decir, es, que reconozco que me importa un pito lo que digan los demás de mí, dejando claro que los demás son aquellos que me importan un pito. En cuanto a los otros, los que me importan, se que lo que digan de mi, me lo dirán también “a mi”.

Hace tiempo, que dejo de importarme lo que la gente piense o diga de mi persona, y creeme, se siente uno más ligero.

Besos (pensando en la replica)

9 de febrero de 2009 21:45:00 GMT-02:00


JoP dijo...

El problema del lenguaje escrito es que cuando escribís algo suponiendo que en el texto plasmado esta también plasmada la idea clara de lo que has pensado e intentado expresar, resulta que cuando se lee, el otro puede entender algo diferente. En el lenguaje hablado siempre esta la posibilidad de la aclaración inmediata, la rectificación o ratificación de la idea; del intercambio más fluido.
Mucho más complicado se hace cuando tenés que recurrir a estos artificios de dejar un comentario en un blog y quedarte con la duda de si será leído y sobre todo de cómo será leído.
Por lo tanto, me parece bien que me respondas aquí o en cualquier otro lado.
Cuando escribí el comentario que ahora respondés, no me refería a lo que los otros piensan de uno, digamos en términos perjuiciosos (a lo doña Rosa, digamos, se entiende?), sino a lo que REPRESENTAMOS, para los otros. Es decir, aquello en lo que realmente nos transformamos para los otros (esos otros que sí te importan... Claro que los que te importan un pito, ni siquiera son problema). Incluso creo que el comentario iba más allá y me refería a la representación de objeto amoroso que tenemos y encarnamos para los otros. Eso es la roca inaccesible a la que me refería allí. Uno tiene una idea de uno y cree que el otro (el significativo) la recibe tal cual uno la siente y, sin embargo, muchas veces no es así. Muchas veces nos queda la duda respecto al lugar que ocupamos en su esfera representacional afectiva.

Espero poder haber sido más claro ahora.
No sabés lo que daría por poder hacerte llegar mi correo electrónico o poder tener el tuyo para poder así intentar una comunicación un poco más directa.
Me encanta charlar contigo, sobre todo por el calor que le insuflas a las palabras.

Besos (pensando el la réplica)

10 de febrero de 2009 0:30:00 GMT-02:00

petitapetitesa dijo...

Si de lenguaje escrito hablamos, me gusta la poesía, (La que me gusta) porque no se anda con rodeos, es tan directa como una mirada que no necesita de las palabras.

Es concreta, escueta, y en la mayoría de los casos, desprovista de artificios (La que me gusta, claro). La prosa es diferente, se presta a interpretar, a divagar, a sacar conclusiones; en la poesía (Insisto, la que me gusta), no hay rincones ocultos, lo que lees es lo que hay.

Me parece más excitante, que el poeta diga, “te deseo con hambre”, que un folio lleno de florituras y artificios, y no solo más excitante, también más verdad.

En cuanto a la interpretación que los demás hacen de nosotros a través de la palabra escrita, es algo mucho más complejo, y que no acabo de tener claro; pensare sobre ello.


En el perfil de usuario de mi blog, hay pocos datos, pero si mi correo electrónico.


Besos (escritos, y sin rincones ocultos)

10 de febrero de 2009 15:48:00 GMT-02:00


JoP dijo...

Yo, sin embargo, prefiero la prosa. Tal vez por alguna predispoción personal la prefiero. Pero que no se diga que no hay poesía en la prosa.
Seguiremos pensando juntos.

Besos (escritos, que siempre retornan y sin vértices ocultos)

11 de febrero de 2009 8:08:00 GMT-02:00

petitapetitesa dijo...

Solo una cosa más… estuve pensando en lo que dijiste, acerca de ser reconocibles para los demás a través de las palabras (escritas).

Supongo, que escribir a alguien, es como la fotografía, uno ve a través del objetivo lo que quiere plasmar, el problema reside, en que lo que vemos, acabe plasmado tal y como pretendemos.
Existe algo, más terrible, impactante, bello, vació, simple, complejo, anodino… que una imagen, y solo plasma un instante, un momento, quizás no describa al fotógrafo, puede ser que no sepamos exactamente como es el viendo la fotografía, pero lo que si que tengo claro, es que sabemos exactamente como no es, por eso yo, me quedo con aquello que no son las personas, que para saber como son, siempre hay tiempo.

Me gusta mucho la prosa, lo que pretendía decir con el ejemplo de la poesía, es, que existe un tipo de comunicación escrita, que utiliza las palabras de forma tan directa, que el mensaje es terriblemente claro, y no hay posibilidad de que se transforme por el camino, y no por el hecho de ser concreto y conciso, pierde matices, al contrario, según mi opinión los gana, creo que es lo más parecido al lenguaje físico.

Y para poesía, la prosa de Cortazar.

Y para no repetirme, date por besado (de tenerte confianza, te mandaría el capitulo 7 (-8) de rayuela)

11 de febrero de 2009 15:37:00 GMT-02:00


AndyPeCas dijo...

Ey, ustedes dos!

Más recato que acá los estamos viendo todos!!!!

11 de febrero de 2009 21:37:00 GMT-02:00


JoP dijo...

AndyPecas: Joan dejó aquí, en su preocupación por tu lastimero comentario final a la poesía que transcribiste, otra para vos... Mirá si tenes para entretenerte....


Petit:

Es que precisamente el problema reside en que en lo que vemos termina plasmado lo que pretendemos, o por lo menos lo que "podemos" ver. Afirmar la posibilidad de lo contrario, sería negar la subjetividad. Si existe una realidad; esa es la realidad psíquica. No existe otra posibilidad para los humanos.

Pero me gustó eso de quedarse con lo que las personas "no" son. Coincido en esa idea. Una podría ir construyendo un concepto de alguien por la negativa, en función de lo que no tiene o lo que no es. Probablemente un camino posible. Para saber quién es alguien, se necesitaría muchísimo tiempo y tal vez, nunca se podría lograr tal cometido puesto que no existe inmutabilidad sino modificaciones y evoluciones constantes.
Pensaba que el centro de todo esto, y quizás del arte en general, reside en la posibilidad de lograr transmitir algo tal y como el artista lo pensó y lo imaginó. Si eso se logra, se logra mucho. (Pero también ha venido Umberto Eco a decirnos que toda obra es una obra abierta y nos patea el tablero...)

De todos modos creo que todo se recoge en los fragmentos, a veces aislados, otras no tanto.
La obra habla en parte del artista. Beethoven era un tipo de un carácter terrible e insoportable en su vida cotidiana, sin embargo escribió, por nombrar solo algunas, la quinta sinfonía, la novena y cuarteto 132. Podría decirse que ellas dicen algo de él que en lo cotidiano permanecía oculto o ausente y que en el fondo nos representa a todos en ellas. Este ejemplo podría extenderse al infinito...

En cuanto a la alusión al lenguaje físico, pienso que allí reside el lugar de las grandes verdades.
Sostento que uno puede, por ejemplo, mentir con palabras, de hecho en las palabras reside la posibilidad del engaño, pero es casi imposible mentir con el cuerpo.

Besos (me doy por besado y por recibidos, a pesar de la falta de confianza, los capítulos de Rayuela)


MAMI, en "Santino's dream"


MAMI dijo...

Jop, no entiendo porque le has puesto la música de ET. Aunque seguro que tienes una buena razón.
A mi me recuerda la inocencia, la pureza y la indefección de los bebes, he tenido dos, a lo mejor es éso lo que quieres simbolizar, como matamos la inocencia de un plumazo, como desvirtuamos la pureza con nuestras enseñanzas.
Aunque si te refieres a los sueños, ellos nos hacen sentirnos vivos, besar lo inalcanzable, besar los prohibido, besar en la lejanía.
Besos jop, besos su.
Me encanta la foto.


Petitapetitesa en "Hay días..."

petitapetitesa dijo...

Estoy totalmente de acuerdo contigo en la posibilidad de incordio que poseen las palabras, no solo posibilidad, verdad absoluta. En muchas ocasiones parecen tener vida propia decidiendo por su cuenta crear mal entendidos, conflictos, equívocos, suspicacias…pero también son capaces de crear acuerdos, lazos, equívocos de los buenos, sonrisas, risas, belleza…

Porque volviendo al tema del silencio, es cierto que puede haber comunicación sin palabras, y el silencio como tal, es de una estridencia mayúscula.
La música, la pintura, la fotografía, la danza… las artes plásticas en general comunican sin palabras. Y a nivel personal, la piel, las miradas, las sonrisas todo esto también comunica y mucho, sin necesidad de la palabra dicha. Pero no podemos ir por la vida (no porque no fuese bueno, no) comunicándonos con estas formas (las no habladas) a nivel general o en la distancia, porque no seriamos capaces de hacernos entender.


Creo, y eso encuentro en muchos textos, (el que ilustra este post es un ejemplo) que hay personas que eligen las palabras, como los músicos las notas, o los pintores los colores. De la misma manera que algunas personas son capaces, con el tacto, las miradas o las sonrisas comunicar cosas que trascienden de las palabras, hay personas capaces de crear con las palabras, paisajes de sensaciones únicos.


Aquí, haré un inciso, para decir que me encanto tu incordio semantico, me da la posibilidad de hablar sobre el tema, que me interesa y mucho.

En cuanto ¿quien traviesa a quien? Como yo no soy nada racional, creo que hay velos que matan más que puñales.

Como podrás comprobar, soy la primera que no le hace ningún caso al proverbio árabe, a este, porque hay uno en especial que me gusta mucho:

"Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación."

Y para que veas lo poco, poco racional que soy, también me gusta y mucho esta cita:

“Puedes acariciar a la gente con palabras”.
Francis Scott Fitzgerald

Besos (ignoraba que estabas en tu casa virtual con el único propósito de besar (lo has dicho tu) (El incordio de las palabras), de haberlo sabido, cada vez que he necesitado uno habría pasado por aquí)

domingo, 20 de diciembre de 2009

Perdernos...

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, en un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tarde una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Jorge Luis Borges

domingo, 22 de noviembre de 2009

The man that got away. Ella Fitzgerald. Judie Garland



The night is bitter,
The stars have lost their glitter;
The winds grow colder
And suddenly you're older -
And all because of the man that got away.

No more his eager call,
The writing's on the wall;
The dreams you dreamed have all
Gone astray.

The man that won you
Has gone off and undone you.
That great beginning
Has seen the final inning.
Don't know what happened. It's all a crazy game!

No more that all-time thrill,
For you've been through the mill -
And never a new love will
Be the same.

Good riddance, good-bye!
Ev'ry trick of his you're on to.
But, fools will be fools -
And where's he gone to?

The road gets rougher,
It's lonelier and tougher.
With hope you burn up -
Tomorrow he may turn up.
There's just no letup the live-long night and day!

Ever since this world began
There is nothing sadder than
A one-man woman looking for
The man that got away....
The man that got away.


viernes, 13 de noviembre de 2009

Theodor Adorno

La verdadera injusticia siempre ha de encontrarse en el punto preciso en que nos ponemos del lado del bien y ponemos a otras personas del lado del mal

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Walt Whitman

¿Quién va allí?
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¡quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?

Cuanto yo señale como mío,
Debes tú señalarlo como tuyo,
Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y
podredumbre,
no me puedo para a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como de da la gana.

¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?

Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.

Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mi.
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un
carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la
noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los
cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el mas grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tu llamas disolución
por que conozco la amplitud del tiempo.


Versión de León Felipe

lunes, 2 de noviembre de 2009

sábado, 31 de octubre de 2009

No obstante...


No obstante no tener filiación plausible,

creo en el encuentro verdadero, en la caricia y el aliento tibio en la mañana.

No me tomes demasiado en serio cuando digo que no veo más allá de los próximos minutos,

porque creo en la existencia de algún lugar que nos encuentre unidos y acompañados en 

el horizonte.

Si alguna vez me ves distante y en silencio, no pienses que estoy marchándome,

pensá mejor que estoy buscándote sin saber cómo hacerlo.

Si alguna vez me ves disgustado, no pienses en enojos, pensá mejor en temores y en

abandonos. 

Me sorprende siempre el beso que llega sin la solicitud implícita y la mano que acompaña a

la palabra plena.

Es extraño cómo, muchas veces, nos miramos sin vernos y no obstante, alguien allí tiene

puesta su mirada en el mismo sendero.

No obstante yacer en la rígida distancia del aspecto,

estoy siempre un paso más acá de lo que puedas suponer.


sábado, 24 de octubre de 2009

Tierra Luna


Cuando me canse de escuchar llantos de niños en la brisa.
Cuando me canse de mirar pueblos que apenas son cenizas.
Me iré con lluvias estrelladas que son diamantes en el barro,
glacial cometa de miradas. Viva la noche y desamarro.

Y con estrellas, miel y flores, que son rubíes y topacio,
tendré el silencio en los albores del infinito eterno espacio.
Cuando me canse de la lluvia y de la sangre y de la guerra.
Cuando me canse de esta tierra me mudaré a la luna rubia.

Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, me pongo hoy las alas de oro
y cielo arriba cual meteoro me voy.
Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, atrás quedó la suerte perra,
atrás los muertos y la guerra. Adiós.

Así que ahora no te asombres si desde esta luna hueca
me burlo de la tierra seca y de los pobres tristes hombres.
Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, adiós ciudad, mi corazón,
globo tullido de aflicción. Me voy.

Cuando me canse de esperar a los indómitos que huyen.
Cuando me canse de soñar sueños que siempre se concluyen.
Me iré otra vez, inoportuno, y apostaré por el que pierde
y volveré cuando ninguno me necesite ni recuerde.

Y con el tímido derroche de una paciencia vengadora
tendré las dudas de la noche sin las respuestas de la aurora.
Cuando me canse la rutina de que me ultrajen y me roben.
Cuando me canse de esta ruina me mudaré a la luna joven.

Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, me pongo hoy las alas de oro
y cielo arriba cual meteoro me voy.
Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, atrás quedó la suerte perra,
atrás los muertos y la guerra. Adiós.

Alguna vez mi vida quieta verá estallar en el pasado
mi triste y cándido planeta que se creyó civilizado.
Ah, Tierra-Luna, Tierra-Luna, mundo caótico y podrido,
desde acá arriba me despido. Adiós.

Mario Benedetti

jueves, 22 de octubre de 2009

Friedrich Nietzsche

"Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti".

miércoles, 7 de octubre de 2009

Sin-sentido



La realidad cobra características particulares en aquellos momentos en que se desencadenan acontecimientos inesperados y dolorosos. Casi podría decirse que el cúmulo de acontecimientos sucesivos e inmediatos que nos rodean se transforma en algo irreal, casi imposible de aprehender. Inmersos en el pesar, todo lo que acontece simultáneamente ante nosotros -la vida no es otra cosa que ese montón de cosas que suceden al mismo tiempo- se constituyen en algo carente de valor y de significación. Todo se vuelve insoportablemente banal. 
Isabel y Alberto estaban atrapados en ese universo individual de sensaciones displacenteras que los había atropellado dejando sus almas tendidas en el suelo de lo cotidiano sin más relieve que el de la preocupación y el pesar.
Ella, enterrada en un mundo donde las emociones habían sido arrasadas; él, preocupado únicamente en los derroteros que transitaba Isabel. Cualquier otra circunstancia estaba tan alejada de su cenit como aquellos barcos que han desaparecido a la vista inmediata en el horizonte pero cuya existencia no puede negarse, aunque en ese momento sus posibles derroteros dejen de tener la pregnancia que había capturado previamente nuestra atención.
En términos generales, podría decirse que ambos estaban atrapados en una espiral descendente que, poco a poco, absorbía sus endebles realidades reduciendo más y más cualquier hecho significativo.
Alberto e Isabel, dos organismos alguna vez constituidos en personas, inmersos en una monumental articulación de pequeños y muchas veces increíbles sucesos, cuya configuración momentánea integraba el drama cotidiano en el que estaban sumergidos.
Esa realidad que compartían y que sus voluntades e infinita acumulación de decisiones -aún las involuntarias- había conformado, suspendida en el efímero tejido del tiempo; todas esas vicisitudes que se enlazan para otorgar un sentido allí donde el paréntesis de la vida se dispara en medio del universo inerte, había perdido su primitivo significado.
Es que la pausa expansiva de la vida como fenómeno extraordinariamente enigmático por su fugacidad y su profundo misterio, parece surgir en medio de un Cosmos repetitivo, invital y elástico.
De ese modo sucede que, de pronto, algo estalla, y la onda expansiva de los procesos puja por configurar infinitas organizaciones cada vez más complejas de hechos. Así, impulsada por una descomunal voracidad, la vida (o una vida, no importa cual, cualquiera da lo mismo) coacciona el entorno con el solo objetivo de perpetuarse ilusoriamente. Puesto que ese vértigo imprevisible y ordenado, llega ordinariamente a una cúspide que, como si la gravedad operara allí su más bestial poder, incita a la precipitación de un declive en constante aumento para alcanzar una meta absoluta, perdida desde el comienzo y ominosa en el reencuentro final: el estado inanimado desde donde partió.
En el contexto e itinerario del proceso vital, que Isabel estuviera postrada en una cama, sin ninguna motivación profundamente humana, carecía de importancia. Ese organismo había cumplido con la evidente legalidad de perpetuar ese voraz proceso expansivo vital y evitar su desaparición. Isabel carecía de relevancia para el inabarcable proceso; como si lo que importara como esencialmente central, fuera el desarrollo mismo; que el proceso de la vida no se detuviera, sin tener la más mínima trascendencia los individuos involucrados -cualquiera fuese su complejidad-; ellos sólo constituyen eslabones de una febril cadena que pugna por imponerse entre lo inanimado. Una actividad que se dispara y que pone en evidencia que es ella misma la que persiste y nos sus componentes individuales en constante crecimiento, transformación y desecho.


JoP

sábado, 19 de septiembre de 2009

Círculos...


"Entonces tomé conciencia del significado mágico del círculo. Si nos alejamos de la fila, podemos volver a entrar en ella. La fila es una formación abierta. Pero el círculo se cierra y no hay regreso posible. No es casual que los planetas se muevan en círculo y que cuando una piedra se desprende de ellos sea arrastrada inexorablemente hacia afuera por la fuerza centrífuga. Igual que el meteorito despedido, volé yo también del círculo y sigo volando hasta hoy. Hay gentes a las que les es dado morir dentro de la órbita y hay otras que se destrozan al final de la caída. Y otras (a las que pertenezco) llevan dentro de sí permanentemente una callada añoranza por el corro perdido, porque al fin y al cabo somos todos habitantes de un universo en el que todo gira en círculos".

Milan Kundera. "El libro de la risa y el olvido".

domingo, 30 de agosto de 2009

Des - encuentros


Aquella noche tuvo la sensación de haber perdido el sentido de la situación. La causa, sin ninguna base orgánica que pudiera localizarse en algún rincón de su cerebro, lo obligaba a sentirse invariablemente desorientado, fuera de lugar.
En un mundo dominado por la imagen, el silencio de la palabra plena acusa su desvarío habitual y la comunicación, fallida por definición estructural, denuncia sus mayores estragos cuando la apariencia domina la escena y el malentendido prima sobre lo real.
Cuando anduvo nuevamente en el ruedo, se sintió torpe, fuera de época, sólo por momentos -de manera fugaz y casi inasible- podía compartir algún código con algunos de su franja etaria.
Escuchaba por ahí, en medio de alguna reunión, cosas como: "¿Tenés Facebook? Pasámelo y nos comunicamos por ahí"; "Te mandé sms y no me contestaste"; "Me conecto a partir de las quince"; "Entrá al chat que te dejé un mensaje en tu perfil"... Como si el mundo hubiera entrado en una dimensión diferente, el contacto físico, la mirada, el tono y la inflexión de la voz, se habían convertido en raros artilugios similares a inalcanzables piezas de museo.
Sin embargo también escuchaba, en casi idénticas circunstancias, la misma cantinela de siempre: Que nadie quiere comprometerse realmente; que son todos unos "verseros", que nadie esta dispuesto a asumir un proyecto a largo plazo ni a tener algo serio con alguien; que la gente esta loca... Sin advertir el mismo locutor de la afirmación, cuántas veces participaba de tales aseveraciones, engrosándolas, y tendiéndoles a los otros la criticada trampa del mismo ineluctable modo.
Cuando comenzó a asimilar la desorientación empezó a sentir tristeza y, poco a poco, un regusto amargo deambuló por su boca hasta casi provocarle náuseas.
En la esquina miró hacia el obelisco que destacaba sobre la avenida desierta. Hacia el otro lado, la barranca que termina en Puerto Madero mostraba idéntica escenografía.
El viento le rozaba la cara. Permaneció allí unos quince minutos pensando hacia dónde ir. Al día siguiente tenía que levantarse temprano para ir a trabajar pero no tenía sueño. Sentía cansancio y estaba molesto, pero al mismo tiempo, cierta agitación le daba energía como para andar toda la noche.
Caminó hasta llegar a Plaza San Martín. Allí encontró a la fauna habitual: dos o tres putas perseverantes y algún que otro ilusionado taxi boy en busca de la caza de la noche. 
Se acodó en la baranda norte y se quedó mirando la Torre de los Ingleses cuyo reloj marcaba las tres y media.
Desde atrás, una voz le preguntó la hora y sin darse vuelva dijo "las tres y media en punto".
-¿Estas buscando compañía esta noche? -insistió la misma voz-.
- Sí -respondió él-. Estoy buscando compañía.
Ella tenía el pelo largo, negro y ondulado, un poco revuelto por el viento y el cansancio. Los ojos oscuros y rasgados cubiertos de una densa capa de maquillaje de colores vivos; las mejillas redondas y rosadas. Llevaba un vestido rojo ceñido al cuerpo que se ajustaba a cada extremo de sus curvas excedidas. Aunque intentara aparentar otra cosa, las líneas de la frente y de debajo de los ojos denunciaban que andaba rondando el medio siglo.
-Yo puedo acompañarte esta noche -dijo ella insistiendo-.
-Gracias -le dijo él dándose vuelta-, pero si tengo que pagar por compañía como se paga por sexo, voy a deprimirme aún más.
Ella se quedó un instante en silencio escrutándolo como quien intenta develar un misterio ancestral.
Adrián volvió a acodarse en la baranda y ella lo imitó.
-Charlemos entonces -dijo al final ella con un tono impersonal-. Todavía no acostumbro a cobrar por charlar con la gente.
Adrián sintió fastidio. "Esta mina no se da cuenta de que me gustan los tipos", pensó.
-Vengo bastante poco a trabajar por acá. En general trabajo por Constitución, pero una compañera me dijo que algunas noches se podían encontrar turistas por esta zona que dejan buena plata -comenzó ella-. Mi viejo me traía de chica a pasear a esta plaza y con mis hermanos jugábamos a tirarnos por esta barranca dando vueltas como locos hasta llegar abajo. Me acuerdo que en aquella época el reloj de la torre no andaba, y estaba parado en las cuatro y veinte -continuó como si hablara para ella-.
Por avenida del Libertador, la sirena de una ambulancia llenó el espacio silencioso de la noche con su grito y dos gatos oscuros salieron corriendo de atrás de un árbol buscando otro lugar donde esconderse.
-¿Te diste cuenta, no? Los animales son más piolas que nosotros. Nunca  esperan a ver si algo es peligroso o no, huyen por las dudas. Está en su instinto, -dijo ella esperando algún comentario de Adrián-.
-Sí, nosotros no aprendemos nunca -dijo finalmente Adrián mirando hacia la estación de trenes-. Se nos viene un tren encima y nos quedamos mirándolo esperando que suceda cualquier otra cosa, menos que nos lleve por delante. Hacemos eso bastante seguido con la idea que nos armamos de la gente. Siempre tenemos esperanza de que las personas sean diferentes a lo que realmente sabemos que son.
-Ahí esta la diferencia fundamental entre nosotros y los animales -dijo ella-. Somos seres de esperanza.
Adrián la miró de reojo. Aquélla mujer desconocida y agotada estaba ahí, hablándole a las tres y media de la mañana, y todavía no podía entender por qué.
-Una vez fuimos a una milonga con una compañera; te digo la verdad, fuimos a laburar, pero se armó un clima tan lindo que terminamos bailando toda la noche y nada más -dijo ella con cierta nostalgia-. Esa noche conocí a un tipo con el que bailamos mucho. Me dijo que estaba recién casado y que como a su mujer no le gustaba el tango, iba de vez en cuando a ese lugar -continuó ella, mientras Adrián ahora la escuchaba mirándola a lo ojos que ella mantenía enfocados en un plano más allá de su percepción actual-.
-Me encantaba el perfume que tenía puesto, que se mezclaba con la tibia transpiración de su cuerpo -siguió ella-. ¿Viste?, esa combinación que hace que un perfume no sea igual en dos personas diferentes.
-¡Totalmente! -exclamó Adrián-. Yo pienso que el aroma del cuerpo del otro siempre contribuye a la química entre dos personas.
-Eso y las sensaciones que te produce el contacto con su cuerpo -agregó ella-. Este tipo tenía la espalda firme. Era un tipo delgado pero fibroso. Y me encantó como me llevaba al bailar. No era buen bailarín, pero tenía un modo de agarrarte, balancearse y de marcarte los movimientos que hacía que te sintieras en el aire -continuó ella con un brillo nuevo en su mirada-. Después de bailar varios tangos le vi la cara y lo noté raro. Entonces le pregunté si estaba cansado o si ya tenía sueño, ¿y sabés qué me dijo? -preguntó ella sin esperar respuesta- "Estoy volando, Patricia". Te juro que muy pocas veces me quedo sin decir nada, pero esa vez no supe qué decir, porque tenía un nudo en el estómago -dijo ella con un hilo de voz-. Me quedé parada frente a ese tipo como una boba; con una emoción sin esperanza. Después fue un impulso, le agarré la cara y le di un beso que no rechazó. Nos quedamos un rato parados ahí sin decirnos nada -continuó ella-. Después él me abrazó y seguimos bailando hasta que llegó la hora en que tuvo que irse.
-¿No lo volviste a ver? -preguntó Adrián en un susurro, como intentando evitar que Patricia despertara de su sueño-.
-Volví varias veces al lugar con la intención de encontrarlo, pero él no regresó -suspiró ella-.
En ese preciso instante, Adrián sintió lo mismo que solía sentir cada vez que escuchaba aquéllas historias de desencuentros: Un nudo en el pecho que le impedía respirar. Le costaba entender cómo la gente suele negarse la felicidad cuando el misterio de un encuentro verdadero se cristaliza entre dos personas. No podía asimilar que los seres humanos, en general, no se dieran cuenta de lo que tenían entre manos o, peor aún, que aún advirtiéndolo, por no saber qué hacer, por cobardía o por lo que fuera, le dieran la espalda.
Recordó aquella experiencia que se llevó a cabo en el hall de uno de los metros de Nueva York, cuando Joshua Bell tocó durante un buen rato con su Stradivarius de tres millones de dólares y nadie se detuvo a escuchar la música ejecutada por uno de los violinistas más famosos del mundo, por quien habían pagado localidades a mil dólares para el concierto de la noche anterior.
-De todas maneras, si lo hubiera encontrado otra vez o nos hubiéramos visto muchas veces más, quién sabe... -agregó ella meditando un instante-. Esto es como los cuentos que nos contaban cuando éramos chicos. El final siempre es un final feliz porque las historias terminan en el momento justo, -continuó entusiasmada-. Nadie se puso a pensar, por ejemplo, qué pasó con la cenicienta y el príncipe después de su casamiento. Tal vez ella lo volvió loco con la limpieza del palacio o lo trastornó con sus celos por estar rodeado de tantas mujeres hermosas o si él, inseguro de sí mismo, la mantuvo encerrada en el palacio, totalmente aburrida y desvalorizada, sin dejarle hacer nada por temor a que se fuera con otro después de alguna otra fiesta.

-Bueno, convengamos que a caperucita la termina devorando el lobo -dijo Adrián sin saber bien qué quería decir con eso-.
-Sí, pero ¡vamos! ¿Quién confunde a su abuela con un lobo disfrazado? Eso sólo le pasa a esa pendeja pelotuda.
-Bueno, no me preguntes por qué, porque no lo tengo muy claro, pero tal vez haya algún simbolismo en esa imagen, ¿no?
-Sí, que el que pensó esa historia es un misógino -dijo ella sonriendo-.

"El patriarcado", pensó Adrián.
Le resultaba imposible no pensar en que la realidad es siempre una construcción social. Y que los actos individuales siempre están en íntima relación con las representaciones imperantes en la cultura en la que se desenvuelve el individuo. Hasta tal punto, que el tan aclamado libre albedrío se torna un contrasentido si no se lo pone en concordancia recíproca con la idea de una libertad que, también, es producto de ese mundo representacional que decanta, cada vez, en los efectos de la conducta y su resultado. Conducta obviamente condicionada, además, por la historia personal desarrollada dentro de ése mismo contexto. Por eso, Adrián no podía dejar de pensar en que las ideas actuales sobre el amor, la solidaridad, la amistad, el compromiso y la cotidianeidad estaban talladas por el cincel del sistema de valores mercantiles que imperaban.
-A veces estamos muy solos aún estando acompañados -dijo Patricia de pronto, obligándolo a retornar desde la nebulosa confusa en la que se había internado-. Nosotras sabemos bastante de eso. Pero la gente no se da cuenta de que les suele pasar exactamente lo mismo aún cuando no reciben plata por la compañía que ofrecen.
La noche era clara y una brisa fresca cruzó la plaza desde el oeste y Adrián sintió frío, pero un frío que no podía atribuir al clima. Ese frío que sentía venía de adentro.

A menudo tenía la sensación de que el mundo no era su lugar. Las ventanas iluminadas por la noche en enormes edificios grises, los bares vacíos en la madrugada o la gente volviendo a sus casas después de un día de trabajo, le recordaban la monotonía incongruente en la que se sumergen las personas para hacer más tolerable su vida. Como si su cuerpo fuera desgarrado pieza por pieza, solía tener la agobiante sensación de no pertenecer al mundo en el que le tocaba vivir; aunque la mayoría de las veces no supiera cuál era verdaderamente el suyo.
-Decime, ¿cuándo fue la última vez que estuviste realmente enamorado? -disparó Patricia-.
El golpe no fue sin consecuencias. Adrián hubiera tenido que mentir para poder responder con rapidez aquella pregunta. Pero afortunadamente para él, sucedió algo que evitó que tuviera que internarse en el infierno para encontrar la respuesta. Patricia, intentando disimular una leve sonrisa, murmuró: "Me pasa todo el tiempo".
Aquella frase salió de su boca no sin cierto orgullo. Aunque también podía percibirse en ella un sesgo de pudor.
-Te parecerá exagerado pero una sonrisa, una mirada, el contacto de una mano sobre mis pechos o la presión sobre mis caderas, la forma de los labios o incluso el sabor de un beso, son suficientes para que me enamore de cualquiera si percibo o imagino allí algo más que el simple contacto físico.
Sin tener demasiado claro el motivo Adrián pensó, en ese momento, en las emociones adormecidas. En la necesidad de mantener escondidos los sentimientos como un modo de poder andar por el mundo. Sabía que eso lo había alejado del contacto con el entorno, pero también, lo preservaba de los cimbronazos afectivos que tanta zozobra le causaban. Alguien le había dicho alguna vez, que sus emociones nunca habían madurado lo suficiente para hacer frente al mundo real. Y escuchándola a Patricia percibió que su discurso significaba alguna confirmación inexplicable a aquélla afirmación. Y tal vez fue por eso que sin pensarlo comenzó a acariciarle el cabello simulando acomodar algunos mechones desprolijos. Y tal vez fue por eso que continuó acariciando sus mejillas rosadas y redondas y surcó el contorno de sus labios y llegó hasta el cuello y alcanzó el hombro derecho que estaba apenas cubierto con un fino bretel rojo. Y quizás porque también hubo alguna recóndita certeza, fue que Patricia aceptó las caricias y devolvió el gesto comenzando directamente por los labios de Adrián, para continuar por el contorno de las cejas y terminar en el cuello justo debajo de una de las orejas. Y porque sintió el impulso, y no estaba acostumbrada a reprimirse, fue que Patricia le dio un beso que Adrián correspondió estrechándola contra su cuerpo en un abrazo.

La plaza solitaria y la noche clara. La necesidad de sentir menos desconcierto y abandono o, simplemente, el frío murmullo del desierto. Porque si alguien le hubiera preguntado al día siguiente, Adrián tendría que haber reconocido que la deseó. Y si una semana después, Patricia hubiera tenido que responder, habría tenido que afirmar que aquella noche lo había amado.

JoP