lunes, 18 de junio de 2007
martes, 12 de junio de 2007
Otro lugar. JOP.

Siempre había pensado cuándo, cuándo llegaría el momento en que aquel sentimiento la abandonara. Se sentaba en el bar de su esquina favorita y miraba a través de aquella vidriera que le mostraba, dorados otoños, azules inviernos, multicolores primaveras y ardientes veranos en una sucesión interminable y precisa de hechos. El café caliente se entibiaba en sus manos al no encontrar respuestas a sus eternas y minuciosas preguntas de siempre. Pero lo peor era ese sentimiento que no la dejaba en paz. Una tarde, mientras caminaba rumbo a su casa tuvo el impulso. En ese instante no tuvo dudas y pensó que si se marchara de este mundo, nadie pagaría las consecuencias efectivas de su acto, y poseería el alivio que necesitaba para siempre. Pero se distrajo. A la vuelta de una esquina, un niño sentado en el umbral de una casa prolija, la miró de reojo mientras jugaba con un autito de plástico deshecho y le regaló una enorme sonrisa. Aquél gesto fue letal para sus intenciones. Sintió algo de calidez en su corazón y se avergonzó de sí misma. En otra ocasión, planeó un largo viaje para saldar antiguas deudas de turista y de paso, alejarse de sus escenarios habituales teñidos como estaban de ese sentimiento ineludible.
En aquél viaje escribió a una amiga:
"Si las mañanas en Buenos Aires fueran como éstas aquí, te juro que no abrigaríamos deseos de irnos a dormir por el sólo hecho de aguardar estos amaneceres. La ciudad es inmensamente clara. No hay rincón en que la luz del sol no se disemine ni ventana que no permanezca abierta hasta las últimas horas de la tarde.
La gente es alegre y cordial y nadie se mira con recelo ni desconfianza y pareciera que tienen particular predilección por los turistas. Así que soy una afortunada pues los varones aquí se desarman en cumplidos y en elogios.
Te encantaría verme sonriendo, yo que sonrío bastante poco. Y no creerías nunca si no lo vieras con tus propios ojos de lo que soy capaz de hacer aquí con el género masculino. En verdad, debería decir de lo que soy capaz luego que ellos allanaran el terreno para destruir mi introversión innata.
Por primera vez, en toda mi vida, me siento realmente segura.
A diario camino por la playa. Si vieras lo que mis ojos observan todos los días... Aquí, esto que me hipnotiza es tan común que nadie repara en los detalles en los que me detengo una y mil veces. No logro salir de mi asombro.
Las mujeres visten ropas de colores claros y brillantes, con el cabello suelto o a lo sumo enlazado suavemente con un pañuelo de seda de vivos colores. Usan sandalias bajas pero se mueven con una gracia y una sensualidad tan deslumbrante que, yo que no las deseo, me quedo mirándolas como si las observara con ojos de hombre.
De ellos, que puedo decirte. Son todo lo parecido a aquello que nos confiamos una y mil veces. Son altos y delgados. La piel bronceada, los muslos angulosos, el cabello relativamente largo, (eso en todas las edades), los hombros anchos y la sonrisa exhibida como un trofeo pero sin ostentación. Es embriagador verlos.
Debido a que he dejado de dormir innecesariamente pude observar a los pescadores. ¡Si vieras la alegría con la que zarpan todas la mañanas! Cantan canciones cuyas palabras se me escapan, pero cuyas melodías me hechizan casi hasta el mediodía. Si existieran aquellos seres y los hubiera oído alguna vez, yo diría que el canturreo de esos hombres felices es equivalente al canto de las sirenas.
Hay un pequeño barcito frente a la bahía a la que me hice inevitablemente adicta. Tiene enormes ventanales y todo él se orienta hacia el recodo más luminoso de la costa. Sus dueños son un matrimonio septuagenario y sus dos hijos varones y solteros. Según me contaron, los más codiciados de la ciudad. Te digo que si una pudiera elegir la familia a la cual le gustaría pertenecer, de entre todas en este mundo, los elijo a ellos. Me han recibido desde el primer día como si fuera una más de la familia. Fue tan gracioso hacernos entender con las limitaciones del idioma y sin embargo no te imaginás el esfuerzo que hicieron por comprenderme y complacerme del mejor modo.
Stephan y Darius, tal los nombres que portan los hijos del matrimonio, se disputan mi atención todo el tiempo y no hay modo de eludir la seducción de sus ojos claros.
Desayuno con la sonrisa de Darius brillando detrás del mostrador y almuerzo con la cadenciosa serenidad del andar de Stephan entre las mesas quien se desarma en complacer a los comenzales ubicados en la terraza soleada.
En aquél viaje escribió a una amiga:
"Si las mañanas en Buenos Aires fueran como éstas aquí, te juro que no abrigaríamos deseos de irnos a dormir por el sólo hecho de aguardar estos amaneceres. La ciudad es inmensamente clara. No hay rincón en que la luz del sol no se disemine ni ventana que no permanezca abierta hasta las últimas horas de la tarde.
La gente es alegre y cordial y nadie se mira con recelo ni desconfianza y pareciera que tienen particular predilección por los turistas. Así que soy una afortunada pues los varones aquí se desarman en cumplidos y en elogios.
Te encantaría verme sonriendo, yo que sonrío bastante poco. Y no creerías nunca si no lo vieras con tus propios ojos de lo que soy capaz de hacer aquí con el género masculino. En verdad, debería decir de lo que soy capaz luego que ellos allanaran el terreno para destruir mi introversión innata.
Por primera vez, en toda mi vida, me siento realmente segura.
A diario camino por la playa. Si vieras lo que mis ojos observan todos los días... Aquí, esto que me hipnotiza es tan común que nadie repara en los detalles en los que me detengo una y mil veces. No logro salir de mi asombro.
Las mujeres visten ropas de colores claros y brillantes, con el cabello suelto o a lo sumo enlazado suavemente con un pañuelo de seda de vivos colores. Usan sandalias bajas pero se mueven con una gracia y una sensualidad tan deslumbrante que, yo que no las deseo, me quedo mirándolas como si las observara con ojos de hombre.
De ellos, que puedo decirte. Son todo lo parecido a aquello que nos confiamos una y mil veces. Son altos y delgados. La piel bronceada, los muslos angulosos, el cabello relativamente largo, (eso en todas las edades), los hombros anchos y la sonrisa exhibida como un trofeo pero sin ostentación. Es embriagador verlos.
Debido a que he dejado de dormir innecesariamente pude observar a los pescadores. ¡Si vieras la alegría con la que zarpan todas la mañanas! Cantan canciones cuyas palabras se me escapan, pero cuyas melodías me hechizan casi hasta el mediodía. Si existieran aquellos seres y los hubiera oído alguna vez, yo diría que el canturreo de esos hombres felices es equivalente al canto de las sirenas.
Hay un pequeño barcito frente a la bahía a la que me hice inevitablemente adicta. Tiene enormes ventanales y todo él se orienta hacia el recodo más luminoso de la costa. Sus dueños son un matrimonio septuagenario y sus dos hijos varones y solteros. Según me contaron, los más codiciados de la ciudad. Te digo que si una pudiera elegir la familia a la cual le gustaría pertenecer, de entre todas en este mundo, los elijo a ellos. Me han recibido desde el primer día como si fuera una más de la familia. Fue tan gracioso hacernos entender con las limitaciones del idioma y sin embargo no te imaginás el esfuerzo que hicieron por comprenderme y complacerme del mejor modo.
Stephan y Darius, tal los nombres que portan los hijos del matrimonio, se disputan mi atención todo el tiempo y no hay modo de eludir la seducción de sus ojos claros.
Desayuno con la sonrisa de Darius brillando detrás del mostrador y almuerzo con la cadenciosa serenidad del andar de Stephan entre las mesas quien se desarma en complacer a los comenzales ubicados en la terraza soleada.
Estos días que estoy pasando aquí me han servido para darme cuenta que el contexto en el que vives influye directamente en tu estado de ánimo. Naturalmente que en el tuyo y en el de los otros y se alimentan unos con otros.
Bailo desde comenzada la noche hasta que el sol hace su aparición en el horizonte y sólo me detengo cuando el hambre vuelve a hacer su burbugeante llamado de atención.
No lo creerías, pero es tanta la actividad aquí y sin embargo no me siento para nada cansada. Al contrario, tengo la energía que no tuve ni cuando tenía catorce años.
Faltan cinco días para que terminen estas vacaciones y te juro que no quiero volver. ¿Habrá algo que pueda hacer aquí para ganarme la vida y quedarme definitivamente hasta que mis días culminen junto a esta gente fascinante?
Si se te ocurre algo, tienes cuatro días para comentármelo."
Como el lector habrá imaginado ella decidió no volver. No habría encontrado el sentido al regreso. Esa carta enviada a su mejor amiga fueron las últimas noticias que se tuvieron de ella. Nadie sabe ciertamente qué fue de su vida, pero lo que sí nadie duda, es de que esos días fueron decisivos para que algo culminara aquí adonde muchas veces se sintió cierta.
Un trío con Luigi. De un fotolog.

Hay ciertos corazones que tienen transitoriamente bloqueada la arteria que nutre el componente amoroso. Yo estaba preparado para mi cita romántica con el chico que tímidamente me ha tocado la mano en el cine y hasta me ha pedido permiso para darme un beso. Yo lo llamo cariñosamente Juan Costner, similitudes afortunadas en un catalán del Llobregat.
Una ventana bloqueada hace meses en el messenger, un saludo que me pregunta como me encuentro, una respuesta gastada y segura: "bien ¿y tu?", la logística se anticipó a los eufemismos, el arco del triunfo está muy cerca del paseo de gracia, Carlos ofrecía versatilidad, ojos azules, cuerpo delgado trabajado en el gimnasio, -el mismo al que yo asisto- y una buena dotación. Yo no sabía que ofrecer, y por ofrecer algo ofrecí mi presencia varonil.
La recepción en el piso del borne fue erótica desde el inicio, efectivamente un cuerpo delgado y agradable, desnudo y unos ojos azules que me miraban con intensidad. Unas manos hábiles y una boca presurosa que en menos de cinco minutos ya me habían desnudado y endurecido. Caricias que se prolongan, elogios a mis piernas fuertes, a la consistencia de mi erección, a mi boca húmeda. Yo no hacía más que dejar que mis sentidos despertaran, mi olfato despertaba a mi parte más animalesca, mis manos por el contrario eran la ternura viviente.
No es importante detallar caricias y acciones, nos las sabemos casi todas. Tal pareciera que en el sexo más que sabiduría y técnicas, lo que cuenta es estar presente en el momento, con todos los sentidos, con la máxima vitalidad.
Una pregunta que me sorprende, ¿te gustan los tríos?, mi respuesta es honesta, no lo se, no he participado en uno. Para decir la verdad completa he estado en un cuarteto, cuyo resultado fue pésimo, pero un trío nunca, un tanto por mi prejucio de que a un trío se llega por interés, hay uno al que deseas y otro al que aguantas. Quizás me equivoque en mi planteamiento. Mi primera experiencia de esta mañana no me ha confirmado mi teoría. "Luigi Baja". Literalmente. La expresión "los dioses bajando del Olimpo" siempre me ha gustado, esta mañana más, Luigi, y su descenso por la escalera semidesnudo, con una piel firme, una musculatura armoniosa, ningún grupo muscular se había reñido con otro, ¡y su sonrisa !. No hubo centímetro de piel que no fuese aprovechado, un concierto con tres ejecutores, una película con tres directores sin voz, tres actores implicados, tres historias que convergieron, un elogio a las hormonas como veleta y brújula. Una Barcelona que no deja de desprender sexo.
Las rayas de cocaína que ellos esnifaron no entran en mi historia.
Estoy listo para la cita amorosa de esta tarde, algo me dice que la arteria del sexo seguirá abierta en detrimento de la del amor.
Una ventana bloqueada hace meses en el messenger, un saludo que me pregunta como me encuentro, una respuesta gastada y segura: "bien ¿y tu?", la logística se anticipó a los eufemismos, el arco del triunfo está muy cerca del paseo de gracia, Carlos ofrecía versatilidad, ojos azules, cuerpo delgado trabajado en el gimnasio, -el mismo al que yo asisto- y una buena dotación. Yo no sabía que ofrecer, y por ofrecer algo ofrecí mi presencia varonil.
La recepción en el piso del borne fue erótica desde el inicio, efectivamente un cuerpo delgado y agradable, desnudo y unos ojos azules que me miraban con intensidad. Unas manos hábiles y una boca presurosa que en menos de cinco minutos ya me habían desnudado y endurecido. Caricias que se prolongan, elogios a mis piernas fuertes, a la consistencia de mi erección, a mi boca húmeda. Yo no hacía más que dejar que mis sentidos despertaran, mi olfato despertaba a mi parte más animalesca, mis manos por el contrario eran la ternura viviente.
No es importante detallar caricias y acciones, nos las sabemos casi todas. Tal pareciera que en el sexo más que sabiduría y técnicas, lo que cuenta es estar presente en el momento, con todos los sentidos, con la máxima vitalidad.
Una pregunta que me sorprende, ¿te gustan los tríos?, mi respuesta es honesta, no lo se, no he participado en uno. Para decir la verdad completa he estado en un cuarteto, cuyo resultado fue pésimo, pero un trío nunca, un tanto por mi prejucio de que a un trío se llega por interés, hay uno al que deseas y otro al que aguantas. Quizás me equivoque en mi planteamiento. Mi primera experiencia de esta mañana no me ha confirmado mi teoría. "Luigi Baja". Literalmente. La expresión "los dioses bajando del Olimpo" siempre me ha gustado, esta mañana más, Luigi, y su descenso por la escalera semidesnudo, con una piel firme, una musculatura armoniosa, ningún grupo muscular se había reñido con otro, ¡y su sonrisa !. No hubo centímetro de piel que no fuese aprovechado, un concierto con tres ejecutores, una película con tres directores sin voz, tres actores implicados, tres historias que convergieron, un elogio a las hormonas como veleta y brújula. Una Barcelona que no deja de desprender sexo.
Las rayas de cocaína que ellos esnifaron no entran en mi historia.
Estoy listo para la cita amorosa de esta tarde, algo me dice que la arteria del sexo seguirá abierta en detrimento de la del amor.
viernes, 8 de junio de 2007
lunes, 4 de junio de 2007
viernes, 1 de junio de 2007
Nuevamente II. JOP.
José todavía estaba allí. En todas las cosas que la rodeaban.
Incluso dentro de ella.
Habían pasado meses desde que lo vio por última vez y todavía una taza, un almanaque pegado en la heladera, las flores secas del jarrón, el mantelito verde agua, el aroma de la yerba mate húmeda o aquel maldito video con la risa lacerante, lo revivían con una brutalidad que no soportaba.
Alicia pasaba de la alegría a la tristeza sin transición alguna y se preguntaba una y mil veces por qué.
En el ocaso de los días o en los domingos por la tarde hasta el aire se le antojaba denso e irrespirable y la mirada se le nublaba de pronto. Y se ponía a llorar.
Incluso había descubierto nuevos surcos en su rostro que antes no tenía.
Y había llegado hasta aquí porque supuso que el tiempo lo aliviaría todo...
Incluso dentro de ella.
Habían pasado meses desde que lo vio por última vez y todavía una taza, un almanaque pegado en la heladera, las flores secas del jarrón, el mantelito verde agua, el aroma de la yerba mate húmeda o aquel maldito video con la risa lacerante, lo revivían con una brutalidad que no soportaba.
Alicia pasaba de la alegría a la tristeza sin transición alguna y se preguntaba una y mil veces por qué.
En el ocaso de los días o en los domingos por la tarde hasta el aire se le antojaba denso e irrespirable y la mirada se le nublaba de pronto. Y se ponía a llorar.
Incluso había descubierto nuevos surcos en su rostro que antes no tenía.
Y había llegado hasta aquí porque supuso que el tiempo lo aliviaría todo...
sábado, 26 de mayo de 2007
Grande, Grande, Grande.
Con te dovrò combattere
non ti si può pigliare come sei
i tuoi difetti son talmente tanti
che nemmeno tu li sai.
Sei peggio di un bambino capriccioso
la vuoi sempre vinta tu,
sei l'uomo più egoista e prepotente
che abbia conosciuto mai.
Ma c'è di buono che al momento giusto
tu sai diventare un altro,
in un attimo tu
sei grande, grande, grande, le mie pene
non me le ricordo più.
Io vedo tutte quante le mie amiche
son tranquille più di me,
non devono discutere ogni cosa
come tu fai fare a me,
ricevono regali e rose rosse
per il loro compleanno
dicon sempre di sì
non hanno mai problemi e son convinte
che la vita è tutta lì.
Invece no, invece no
la vita è quella che tu dai a me,
in guerra tutti i giorni sono viva
sono come piace a te.
Ti odio poi ti amo poi ti amo, poi ti odio, poi ti amo,
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu.
ti odio poi ti amo poi ti amo , poi ti odio poi ti amo
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu
non ti si può pigliare come sei
i tuoi difetti son talmente tanti
che nemmeno tu li sai.
Sei peggio di un bambino capriccioso
la vuoi sempre vinta tu,
sei l'uomo più egoista e prepotente
che abbia conosciuto mai.
Ma c'è di buono che al momento giusto
tu sai diventare un altro,
in un attimo tu
sei grande, grande, grande, le mie pene
non me le ricordo più.
Io vedo tutte quante le mie amiche
son tranquille più di me,
non devono discutere ogni cosa
come tu fai fare a me,
ricevono regali e rose rosse
per il loro compleanno
dicon sempre di sì
non hanno mai problemi e son convinte
che la vita è tutta lì.
Invece no, invece no
la vita è quella che tu dai a me,
in guerra tutti i giorni sono viva
sono come piace a te.
Ti odio poi ti amo poi ti amo, poi ti odio, poi ti amo,
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu.
ti odio poi ti amo poi ti amo , poi ti odio poi ti amo
non lasciarmi mai più
sei grande, grande, grande
come te sei grande solamente tu
lunes, 21 de mayo de 2007
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