
Vuelvo a mirarte.
Estas y eres el mismo. Los ojos y las manos
y ese gesto de la boca entre tierno y despectivo.
Vuelvo a mirarte.
Ya no digo nada. Me he quedado de pronto con los labios vacios.
Sin pasión, sin enojos, sin impulsos, sin nada que pedir, sin nada que decir,
sin nada mío.
Apenas con un resto de ternura, no se si para ti
o para conmigo, para envolverme en ella al quedar sola.
No más sola que ahora.
Tu estas sereno al fin y estas tranquilo porque me quedo quieta
en tus brazos y me callo y sonrío.
Nunca sabrás mi pobre amor, qué pienso cuando sonrío así.
Y alguna vez sabrás que me has perdido.
Mañana o no sé cuándo; todavía no están del todo secas estas ramas,
pero hoy ha comenzado nuestro otoño y hace frío.
Hoy empiezo a quererte un poco menos.
Hoy dejas de dolerme, y no estoy triste.