miércoles, 25 de septiembre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
Like a camera
Life is like a camera. Just focus on what’s important and capture the good times, develop from the negatives and if the things don’t work out, just take another shot.
martes, 30 de julio de 2013
Deleuze
Guilles Deleuze afirma que las personas somos parte de este mundo en el cual experimentamos lo intolerable. La salida es creer no en otro mundo, sino en nuestro vínculo con el mundo: en la vida, el amor, el deseo.
domingo, 28 de julio de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
No hay solución para el desorden del mundo...
El malestar en la cultura, de Freud, data de 1930. “¿Por qué la guerra?” data de 1933. El psicoanálisis no aporta ninguna solución al desorden del mundo porque no hay solución para el desorden del mundo. Guerra sin fin. La escena primitiva que constituye el núcleo de la doctrina es el padre desnudo excitado y la madre desnuda penetrada por él y gimiendo bajo sus embates. El núcleo presenta entonces tres caras: la escena primitiva, el Edipo, la pulsión sexual de muerte.
Pero es la misma cara. Las tres hacen una. El hijo mata al padre que lo engendra. Eros encadena aquello que Thánatos desencadena en el interior de Eros. La pulsión sexual de muerte no define nada más que el sadismo. El mundo interno está tan en guerra como el mundo externo puede estarlo ante nuestros ojos.
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A los cincuenta años, Sigismond Freud se puso a escribir cuentos. Un día los hermanos se reunieron. Se dijeron:
–¿Por qué no matamos a nuestro padre?
Entonces lo mataron. Se lo comieron. Lo encontraron bueno. Chuparon todos los huesos. Succionaron piadosamente los sesos. El tiempo pasó, la saciedad pasó.
Curiosamente, sus maxilares les parecieron adoloridos. El “re-mordimiento” los afectó en la parte baja del rostro, de manera muy misteriosa, casi allí donde yacen, se hunden y se muestran los dientes que muerden a los Padres.
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Tras haber dejado sus monumentos, después de haber practicado la ascesis solitaria, el místico finalmente se abisma en un mundo de fe puramente interior y cuya infinitud ya no está sometida a nada.
Ese mundo no es más que un agujero negro, interno y negro, negro como una cueva de montaña, asocial, prelingüístico, extático, secreto como su origen, como la pobre fuente de la natalidad.
Aquel que cae en éxtasis, aquel que lee, aquel que pierde, aquel que ama –el verdadero amor es una relación íntima directa, también asocial, también un agujero negro, desentendido del siglo y de la mirada de los otros hombres, incluso del amado–.
Es la frase de Agustín: dios es más íntimo en mí que yo. Entonces la parte divina corresponde a la parte asocial.
* Pascal Quignard. Fragmentos de Los desarzonados, que distribuye en estos días ed. El Cuenco de Plata.
lunes, 1 de julio de 2013
Carta al general Uriburu, Cárcel del Buen Pastor, julio 5 de 1931
Gral. Uriburu, acabo de enterarme del petitorio presentado al gobierno provisional pidiendo magnanimidad para mí. Agradezco a mis compañeros de letras su leal y humanitario gesto; reconozco el valor moral que han demostrado en este momento de cobardía colectiva al atreverse por mi piedad a desafiar sus tonantes iras de Júpiter doméstico. Pero no autorizo el piadoso pedido ... Magnanimidad implica perdón de una falta. Y yo ni recuerdo faltas ni necesito magnanimidades.
Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ello. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos ... y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre. Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.
General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miserable cruzo la cara con todo mi desprecio.
Señor general Uriburu, yo sé sufrir. Sé sufrir con serenidad y con inteligencia. Y desde ya lo autorizo que se ensañe conmigo si eso le hace sentirse más general y más presidente. Entre todas esas cosas defectuosas y subversivas en que yo creo, hay una que se llama karma, no es un explosivo, es una ley cíclica. Esta creencia me hace ver el momento por que pasa mi país como una cosa inevitable, fatal, pero necesaria para despertar en los argentinos un sentido de moral cívica dormido en ello. Y en cuanto a mi encierro: es una prueba espiritual más y no la más dura de las que mi destino es una larga cadena. Soporto con todo mi valor la mayor injuria y la mayor vergüenza con que puede azotarse a una mujer pura y me siento por ello como ennoblecida y dignificada. Soy, en este momento, como un símbolo de mi Patria. Soy en mi carne la Argentina misma, y los pueblos no piden magnanimidad.
En este innoble rincón donde su fantasía conspiradora me ha encerrado, me siento más grande y más fuerte que Ud., que desde la silla donde los grandes hombres gestaron la Nación, dedica sus heroicas energías de militar argentino a asolar hogares respetables y a denigrar e infamar una mujer ante los ojos de sus hijos ... y eso que tengo la vaga sospecha de que Ud. debió salir de algún hogar y debió también tener una madre. Pero yo sé bien que ante los verdaderos hombres y ante todos los seres dignos de mi país y del mundo, en este inverosímil asunto de los dos, el degradado y envilecido es Ud. y que usted, por enceguecido que esté, debe saber eso tan bien como yo.
General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta como, desde este rincón de miserable cruzo la cara con todo mi desprecio.
Salvadora Medina Onrubia
martes, 18 de junio de 2013
jueves, 6 de junio de 2013
La historia y la versión
Gershom Scholem, en su gran obra sobre la mística judía, cuenta una anécdota ingeniosa: cuando el Baal Shem Tov tenía una tarea difícil que cumplir, se dirigía a un determinado sitio en el bosque, encendía un fuego y se sumía en una plegaria silenciosa; y lo que tenía que hacer se realizaba. Una generación después, cuando el Maggid de Meseritz se vio frente a la misma tarea, se dirigió al mismo sitio en el bosque y dijo: “No sabemos encender el fuego, pero aún sabemos decir la plegaria”; y lo que tenía que hacer se realizó. Una generación más tarde, Rabbi Moshe Leib de Sassov tuvo que cumplir la misma tarea. El también fue al bosque y dijo: “Ya no sabemos encender el fuego, ya no conocemos los misterios de la plegaria, pero todavía conocemos el sitio preciso en el bosque donde eso pasaba, y debe ser suficiente”; y lo fue. Pero cuando pasó otra generación y Rabbi Israël de Rishin debió hacer frente a la misma tarea, se quedó en su casa, sentado en su sillón, y dijo: “Ya no sabemos encender el fuego, ya no sabemos decir las plegarias, tampoco conocemos ya el sitio en el bosque, pero todavía sabemos contar la historia”; y la historia que contó tuvo el mismo efecto que las prácticas de sus predecesores.
(Gershom Scholem, Las grandes corrientes de la mística judía, Madrid, Siruela, 2012).
martes, 4 de junio de 2013
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